¿Está María? (Bitácora de ausencia) por Santiago Espinosa de los Monteros

Maria

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“Si el mar que por el mundo se derrama Tuviera tanto amor como agua fría, Se llamaría por amor María Y no tan sólo Mar, como se llama.”
Francisco Luis Bernárdez

- 28 de enero 2010 Comienzo el día respondiendo a una carta que aún no se me ha enviado.

Me asomo a la voz de Alfredo y es como andar dentro de una gruta enorme a la que sólo de vez en vez se le iluminan algunas partes para ser descritas. Sólo ellas nos hablan por momentos de aquello enorme que no estamos viendo. Estas grutas por las que circula la voz son inabarcables.

Estamos al pie de cien catedrales que deberemos recorrer para ir en cada una oficiando los misterios de las respuestas desperdigadas por todas partes.
Si tan sólo supiera cuál de las puntas de esta maraña es la correcta, la tomaría entre mis dedos y empezaría a vestir con ella mis manos para protegerlas por si de pronto debo cargar con ellas objetos rudos como las esculturas de acero oxidadas, o acariciar fotografías chismosas que delatan a María y que viven ahora ajenas al mundo, tratando siempre de dominarlo, de leerlo no para entenderlo, sino para explicarle que las cosas deben ser distintas.

Veo tus líneas Alfredo y encuentro que te has vuelto un cronista de los días de María. A veces cuando te escucho, cuando miro las cosas que hacía, cuando veo sus libros, la música que escuchaba, me queda claro que ella venía del lado de la desobediencia.

- Febrero 1, 2010

¿Es verdad? Parece que sí. El otro día, en casa de Laura estaba María escondida detrás de cada uno de nosotros; cenó ahí. Hasta dejó sus fotos de cuando estuvo en Japón, con un vestido que nos mostraba mientras abría sus brazos, y sentada también en una mesa con Alfredo y Laura y sus caras de jovencitos todos... había tanta vida por delante...

- Febrero 3, 2010

Quizá esa era una de sus principales armas; saber decirle a la vida lo que ella quería que sucediera y hacer que pasara. Si es verdad que no todo estuvo bajo su control, sí es cierto que aquello que la rodeaba logró mutar una vez que ella había posado su atención en algo. Si cambias la forma de ver las cosas, entonces las cosas cambian de forma. Eso lo sabía María a la perfección. Por eso ahora no podemos tomar el té sin pensar en ella, escuchar Spiritual de Charlie Haden y Pat Metheny sin recordarla pidiendo silencio para que nada, ni sus propias palabras, estorbasen las notas que quería oír a la perfección.
Sin aspavientos, sin falsas poses, andaba los días con su maravillosa figura flaca y cruzaba así las fronteras del mundo a tu lado. Ya en ellas, las volvía a cruzar para llegar hasta lo más lejos posible. Japón, quizá la experiencia más intensa de su vida, es ahora un país horadado en sus entrañas y costumbres milenarias porque María puso ahí sus ojos. No le bastó mirar; no era una turista de la vida. Hundió su espíritu en el de las enseñanzas japonesas más profundas, como profundo también fue su respeto por aquello que le significaba un ritual de sobrevivencia que ejerció, simbólicamente quizá, con la mayor de las intensidades hasta el final.

Cada uno de quienes la tuvimos delante fuimos tocados por sus palabras, su manera de andar por la vida (¡de andar por la vida!), su especial afición por no ceder ante lo ramplón, de mirar distinto lo que todos veíamos de cierta manera hasta que ella ponía el acento a veces con ese humor ácido tan maravilloso que la caracterizaba. Vaya enseñanza...

No fue guerrera de una batalla. Sabía que la lucha era de todos los días. Imagino quizá que cuando vio el tamaño del enemigo sacó fuerza de cuanta historia tenía en su haber y peleó. No lo hizo sola; estabas tu Alfredo que la ayudaste a todo, que tuviste el privilegio de ser cauce, lecho de un río revuelto y bravo, intenso, noble, de los que ya se ven pocos... Por eso ella seguirá drenando por muchos años. Y aún cuando deje de hacerlo, veremos en el lecho los vestigios que la dibujarán como esa montaña de ideas, de sensaciones, de frases, de libros, de viajes.

Yo no estuve con ella en Madrid ni en Brasil ni en Japón ni en Nueva York ni en todos los lugares en los que vivió ␣y vive; si no lo crees, vuelve a ellos y la encontrarás a cada paso. Estuve con ella un poco en México, quizá su tierra base, no estoy tan seguro. Seres humanos como María son de todas partes, aunque nazcan y crezcan en una.

Visto a la distancia, debí pasar más tiempo con ella, buscarla más, buscarte a ti también Alfredo porque a tu lado tomabas piso con la fuerza de quien debe sostener un templo. Hoy lo veo así. Quisiera llegar a tu casa, tocar el timbre, y preguntar “¿está María?”. Sólo eso, para imaginar en fracciones de segundo que ahí está. Y verla.

Te comparto esta estrofa bellísima y terrible que ya conoces, porque quiero que quede y porque sé que te importa.
Desde lo más profundo, te mando un abrazo para cada uno de los días que vengan y en los que estés aquí:

Santiago

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“Ay mi amor, Sin ti no entiendo el despertar. Ay mi amor, Sin ti, mi cama es ancha. Ay mi amor, Que me desvela la verdad Entre tú y yo la soledad Y un manojillo de escarcha”

(J. M. Serrat. Fragmento de “Romance de Curro ‘El Palmo’”)

Esta Maria?

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